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Cómo presupuestar sin pillarte los dedos
Hace tiempo una clienta me contrató para dar una clase y, como parte de la estrategia, quiso que hiciéramos un webinar gratuito para promocionar la formación.
Todo bien, hasta que me dijo la fecha:
📆 Justo cuando me iba de vacaciones fuera de Madrid.
Le pedí amablemente que lo cambiáramos.
Su respuesta:
“No hace falta, dalo desde el hotel.”
Y yo… por no “quedar mal”, por no “ser complicada”, acepté.
Resultado:
El wifi del hotel era malísimo (¡como me temía!) y el webinar se cayó.
Su respuesta fue:
“Ha sido patético.”
Y esa palabra me dolió. Mucho.
No por ella. Sino porque me la creí.
Y ahí entendí algo que no se me ha vuelto a olvidar:
💥 Si no lo ves claro, no lo hagas.
Tu intuición sabe. Escúchala.
Aprender de los errores de un presupuesto fallido
Luego me pasó algo similar (pero ya no me callé)
Otra clienta me propuso dar una conferencia gratuita para promocionar un servicio.
Yo acepté, con la condición de que fuera solo una.
El acuerdo era ganar a porcentaje de beneficios (spoiler: no hubo grandes beneficios).
Tiempo después quiso que repitiera la conferencia.
Yo le dije que no me rentaba:
Que ir a Madrid me implicaba transporte, tiempo, organización… y pagar niñera.
¿Su respuesta?
“Eso no es profesional. No es mi problema que tengas hijas. Arréglalo.”
Ahí sí, amiga querida… me salió fuego por las teclas.
Le respondí:
“Lamento haber sido humana y sincera contigo, pero retiro lo dicho. Esta es mi tarifa, y no doy más explicaciones.”
Y me quedé tan ancha.
No por orgullo. Por dignidad profesional.
Lo que aprendí: Dar presupuestar no es solo “poner un número”
Presupuestar es hacer cuentas reales.
Con honestidad, con cabeza… y con alma.
Te comparto mi check-list para que no vuelvas a regalar tu energía (ni tu tiempo, ni tu salud):
✅ Cosas que debes tener en cuenta al dar un presupuesto (incluso si es un evento “gratuito” para promocionar)
🔹 Tiempo de preparación previa (investigar, planificar, diseñar)
🔹 Horas de desplazamiento o conexión (y la carga que implica)
🔹 Logística personal (¿quién cuida de tus hij@s mientras trabajas?)
🔹 Herramientas o tecnología que usarás
🔹 Materiales, diseño, presentación
🔹 Energía emocional que requiere (sí, esto también cuenta)
🔹 Desgaste postevento (a veces necesitas horas para recuperarte)
🔹 Impacto en tu agenda y otros proyectos
🔹 Coste de oportunidad (¿a qué estás diciendo no para decir sí?)
🔹 Beneficio real esperado (¿hay ganancia o solo visibilidad?)
🔹 **Si hay visibilidad… ¿es con público realmente alineado?)
🔹 ¿La propuesta está equilibrada entre lo que das y lo que recibes?
No es falta de profesionalismo.
Es falta de costumbre de ver a una mujer diciendo:
“No me compensa.”
Así que la próxima vez que presupuestes algo, pregúntate:
💭 ¿Cuánto me cuesta realmente decir que sí a esto?
💭 ¿Desde dónde estoy aceptando: desde el miedo o desde el valor?
Y si algo no te cuadra…
Dilo. Cambia. Propón. O suéltalo.
Porque lo profesional también es cuidarte.
¿Te ha pasado algo parecido?
¿Te han llamado “poco profesional” por decir tu verdad?
Cuéntamelo en comentarios o escríbeme.
Aquí estamos para hacer negocios que no se cobren a costa de nosotras.
— Karina
Mentora de marketing consciente para emprendedoras con alma
“Marketing real, comunicación honesta y decisiones alineadas a tus valores”

