¿Qué haces cuando un día se complica?

Viernes son las 8:00 am, suena la alarma y es hora de iniciar el día. Rápidamente hago en mi cabeza el resumen de lo más relevante de la programación del día, mientras tanto me voy levantando, entre medias le doy un beso a mi chico y los buenos días; paso a la habitación de mis niñas, enciendo la radio y digo “buenos días preciosas ¿cómo habéis dormido?” a lo que ellas responden “bien la una y la otra estupendamente”. La mañana parece perfecta y todo va sobre ruedas. 8:40, ya es hora de salir, las niñas y mi chico se dirigen a sus destinos, por ahora, todo ok.

Ahora me toca a mí. Voy preparando mi portátil y todo lo que llevaré al taller que impartiré sobre hacer una página web, he planificado una clase práctica en la que abriré con ellos un blog gratuito en wordpress.com, lo veo, lo veo, saldrá bordada; en cuanto termine debo de irme a Madrid, me han invitado a comer y a las 16:00 tengo una sesión de fotos profesionales para poner en mi nueva web, me mola la idea, he buscado una maleta pequeña donde llevo el portátil y 3 cambios de ropa además de mi maquillaje, quiero estar divina para las fotos. Hasta aquí de maravilla, ya estoy vestida, necesito una bolsa para meter los zapatos. Voy a la cocina por una bolsa y ¿cuál es mi sorpresa? al entrar como un ciclón me salpica agua y hace un ruido la baldosa que acabo de pisar ¡¡¡dios!!! está todo encharcado y la lavadora puesta, mi primera idea es que se ha salido el agua de la lavadora, la apago inmediatamente y corriendo llamo a la Cantera de Empresas para decirles que llegaré 30 minutos tarde, la clase inicia a las 10:00 y son las 9:30 es imprescindible que seque el agua ya que está llegando al salón y seguro que calo a los vecinos.

Untitled design (1)Ya en este momento se me viene a la cabeza “vaya día”, claro, pues otra cosa más había ocurrido antes: también me había llamado la persona que se encargaría de mis hijas por la tarde a decirme que no podría recogerlas, pero esto lo solucioné enseguida. Pensé, esto es la leche, qué más me va a pasar, esto son señales de que no haga lo que tengo planeado, o mejor dicho HOY ES UN DÍA DE ESOS QUE ES MEJOR NO LEVANTARSE. Me enfadé mucho con la casa y con la vida, no estaba saliendo nada de lo que había planificado con tanta dedicación ¡menuda M!. Todo esto mientras recojo agua a montones y cuando parece que se va reduciendo veo que salen chorros de agua entre un par de baldosas, lo único que se me vino a la cabeza fue “Ya no puedo dar la clase”. Pensé: ” Y si cierro la llave de paso, doy la clase y luego vengo”. Justo en este momento es cuando me quiero sentar a llorar del enfado, chispas, parece una película donde el protagonista va de un problema a otro; en fin ¿qué hago?.

Aquí empiezan mis diálogos internos y decido dejar de mirar hacia otro lado para atender lo que de verdad importa haciendo una lista mental de prioridades, justo aquí es cuando me digo “deja de enfadarte y compadecerte por lo desgraciada que eres; pon cartas en el asunto, ahora, no hay tiempo para esto; AHORA ES MOMENTO DE SOLUCIONAR y priorizar, lo que tenga que ser será”.

Algunas preguntas que nos pueden ayudar a salir del bucle del enfado y miedo de situaciones que no controlamos son: ¿para qué ibas a hacer lo que no harás debido a este contratiempo?¿qué es lo que esta en tu mano para solucionar?¿lo estás haciendo?¿a qué tienes miedo?

Ya he vuelto a mi centro y a buscar soluciones ¿por dónde empiezo?

Lo primero, cumplir con mi obligación de avisar que no daré la clase, esto me duele, pero es lo que tengo que hacer en este caso, mi casa y los míos están antes que las obligaciones de trabajo.

Ahora, a llamar al seguro y en un máximo de dos horas vienen a ver lo que ha pasado, ahora toca esperar.

Llamo a la persona con la que quede para comer en Madrid y le digo lo que pasa; además le pido que llame al sitio donde nos haríamos la sesión de fotos para que comunique y solicite que me cambien la cita. De comer ya nos olvidamos, claro.

Llamo a la persona con la que había quedado en Madrid a las 19:00 para tomar un café y hablar de negocios. Me dice que no pasa nada y que lo importante es identificar las prioridades.

Me llaman de la sesión de fotos y me dicen que pierdo el dinero, si cancelo con menos de 24 horas. Pienso que no pasa nada, pues las cosas han venido así.

Llega el fontanero muy rápidamente y se pone a picar mi cocina hasta encontrar la avería, pico hasta hacer una zanja importante. Nada, se ha roto la tubería, hay que cambiarla.

En este punto, me siento en el sofá y busco identificar mis emociones, no hay enfado, no hay miedo por el contrario, hay paz y calma con la sensación de haber hecho lo correcto. Curiosamente, no tengo remordimientos por no “CUMPLIR CON MIS OBLIGACIONES”. Es aquí cuando me doy cuenta que me dí lo permisos que necesitaba, no me estaba fustigando. Es más, ya me vino el pensamiento de “MENOS MAL QUE PASÓ AHORA”, ahora puedo solucionarlo, qué suerte que no pasó después de irme.

Ya estoy dispuesta a fluir a SER con lo que estoy viviendo en ese momento, me siento bien, pero un sentirme bien desde el interior. Para algunos, quizás esto no es un problema, para otros es una verdadera faena, a otros les dará igual; en fin, que cada cabeza es un mundo y para mí en ese momento llegó a ser un gran problema.

Allí en el mismo sofá dije: bueno, no puedo hacer nada, pero voy a leer el correo electrónico en el móvil, así si el fontanero necesita algo de mí, estoy atenta. ¿Cuál es mi sorpresa? Tengo un correo pidiéndome presupuesto para una tienda online, era de una persona con la que había hablado hace ya casi 2 años, me dice que lo que lo quiere hacer YA. Bien, mira tú por dónde. Yo seguía ahí, en mi sofá tranquila y relajada cuando vuelve a entrar un correo, era otro presupuesto solicitado, y lo mejor es que le había dado mi referencia y correo la persona que llamé para cancelar el taller.

Vaya, no todos los días recibo peticiones de presupuestos a pares y de personas muy interesadas en contratar. ¿Qué ha pasado? Ha cambiado la película, hace no más de tres horas estaba soltando diablos y demonios por mi boca.

Sigo en mi linea, contesto el email sobre la nueva petición y le digo que no puedo hoy, pero que me llame.

Ya está, el fontanero me dice que se va, ya ha terminado, ahora pasará el parte al albañil para que me cierre el super boquete del suelo con urgencia, a todo esto mi casa está empantanada, la lavadora con ropa, el lavavajillas con platos y los dos están alojados provisionalmente en el salón; pero yo estoy encantada, la vida es la VIDA y esta LLENA DE APRENDIZAJES.

Son las 13:30 y pienso en ese momento que aún puedo llegar a mi sesión de fotos pues entre medias de todo este zafarrancho me había llamado mi hermana diciéndome que ella se queda con las niñas y también me había llamado la persona de las fotos que podía llegar hasta las 5pm a la sesión.

¡Vaya! todo se ha encarrilado para que siga con mi plan ¿qué hago? Ahora lo veo todo en bandeja, pienso y organizo, ok ya está, todo lo que podía hacer lo he hecho. Los albañiles mi hermana los puede atender, tomo la decisión y me voy no sin antes pasar a visitar al nuevo posible cliente que quiere un presupuesto. Curiosamente, está de camino al sitio donde cogeré el autobús para ir a Madrid.

Vaya día tan bueno, el posible cliente parece muy interesado y quiere una web corporativa, una tienda online y probablemente mantenimiento con asesoramiento. Ya está, acabo de cerrar otra reunión para el lunes con presupuesto en mano.

En cuanto llego a la estación llega el autobús, no tengo que esperar ¡qué suerte, porque hace mucho frío!

Llego a Madrid, voy bien de tiempo y decido tomarme un cafetito, más que nada porque no veo la salida a la calle Carretas en la estación de Sol. Pienso “me tomo un café y le pregunto a la persona que atiende el sitio”. Me acerco a un mostrador y digo “Hola, ¿Qué salida cojo para llegar mejor a la Calle Carretas?” – Él me contesta “por esa, la de la Calle Carretas”- señalando que estaba justo detrás mio. Me reí a carcajadas y le dije – “muchas gracias, menos mal que mire todas las salidas”. Le pedí un café y antes de ponérmelo me regaló una magdalena. Cuando le pregunté ¿Qué te debo? se rió y me dijo 1 euro. Todo lo que vende cuesta 1 euro y yo no me di cuenta ¿cuántas cosas se nos pasan por no mirar atentamente lo que nos rodea?.

Pienso “me encanta ir por la vida con la sonrisa en la cara, la gente te mira y atiende de otra manera.”

Ya está, voy a mi sesión de fotos dónde en lugar de hacerme las 35 que había contratado me hicieron unas cuantas más y para más INRI la dueña del estudio es una emprendedora con mucha visión y esto me dio pie para proponerle un acuerdo. El acuerdo consiste en que hace un precio especial con un servicio de calidad y con valor añadido a mis clientes, es decir que de ahora en adelante mis clientes irán a su estudio a que le hagan las fotos para su web como un servicio incluido en mi servicio de diseño web. Muchas veces las webs no lucen porque no hay una imagen de calidad del profesional.

Os comenté que había quedado a comer en Madrid, era en la casa de la madre de mi amiga y cliente con la que íbamos a hacernos fotos. Resulta que su madre había guardado la comida, unas alcachofas y carne guisadita con tarta de queso, todo sanísimo. Pues no me quedó otra que ir a merendarmelo, jejeje.

¡Vaya día! Ya esta bien, creo que es hora de recogerme después de un día largo y muy fructifero.

Luego siguieron más cosas, más compartir con mis hijas y mi chico, más estar en armonía con los míos, pero eso ya es otra historia.

Os cuento este día con lujo de detalles porque para mí ha sido un día importante, es un día en el que he aprendido a dar valor a lo prioritario sin sentir culpa por lo que no llego, simplemente es aceptar y fluir.

“Cuando fluyes y estás en tu centro, lo que tiene que ser, será”
Moraleja: Todo tiene una parte buena y una parte mejorable, si buscas encontrarás una intención positiva. Cada minuto de nuestra vida nos da la oportunidad de decidir como queremos vivir y desde desde dónde queremos hacerlo.

Leave a comment